jueves, agosto 18, 2005

Cita con un vampiro


Cita con un vampiro:

El halo del aliento cortaba el frío que golpeteaba su cara, sus ojos grises miraban los tarros de basura buscando comida. Los ratones se cruzaban entre sus piernas en la batalla por la subsistencia.
Era una labor habitual en las calles frías de Londres, los faros iluminaban a media luz entre la niebla. Las manos harapientas de la vagabunda tiritaban al sacar un trozo de pan duro del basurero. Con desesperación, la mujer se llevó el alimento a la boca. Era la primera y última comida del día. Siempre y cuando la suerte le dijera otra cosa.
El sonido de los cascos de un caballo interrumpían la tranquilidad del Londres que la vagabunda acostumbraba a ver todos los días. Los ojos grises de la vagabunda miraron con envidia el pasar de un coche negro tirado por un blanco corcel.
Desde que ella tenía memoria había estado en la calle, a dormir en algún puente y de participar en las ollas comunes que otros vagabundos realizaban. Podría tener frío y hambre pero se sentía orgullosa de engañar a los londinenses adinerados con historias burdas sobre Jack el Destripador, vampiros o zombies.
Los dueños de las tabernas de la calle Morgue, amaban a esta vagabunda y cuando sobraba alimento se lo daban. Sin ella y sus historias, los taberneros no recibirían tanto público.
Mientras mordía el tarugo de pan, un “canillita” se acercó a contarle la última noticia.
-Sara. Los policías andan comentando que anda un loco suelto entre las calles Baker y Poirot.
- ¿Hay muertos o cosas por el estilo?-. Los ojos grises de la muchacha se iluminaron porque tenía una historia nueva que contar en las tabernas y posadas.
- No se sabe nada todavía... Si los policías londinenses tienen miedo hasta de su sombra. Y si existieran muertos ya lo habrían dicho.
- Jajajaja....Cierto o falso la historia del loco me sirve para ganarme una taza de sopa.
El “ canillita” se despidió con un ademán y se fue corriendo. Iba atrasado a buscar los diarios. Sara caminó hacia las fogatas a calentarse un momento. Su mente maquinaba el cuento perfecto para ganarse unos pesos a la salida de la catedral.
Iba caminando entre la niebla de la calle, cuando un cartel pegado en la pared sucia de un restorán de comida china de mala muerte, le llamó la atención. Estuvo mucho rato intentando comprender que decía el afiche, hasta que lo consiguió.
Una gran sonrisa se dibujó en la cara de la vagabunda, los ojos grises pestañeaban sin césar. Su figura delgada y temblorosa sintió un rayo de calor por la sangre. Si el cartel era cierto, ella podría dejar la calle para siempre.
Silbando una melodía, sintió que ese día era distinto. Sólo tenía que dirigirse a la Universidad de Arkham, preguntar por un antropólogo y contarle una historia. Las mismas que la hacían famosa.
La conocida universidad estaba entre las calles Poirot y Baker, ella al recordar al loco sonrió y dobló en una esquina... Sara estaba confiada, tan confiada que pensaba que nada podía pasarle en sus terrenos, en la calle.
El pelo ondulado y sucio de Sara se perdió en un callejón, en el atajo para llegar a la universidad.

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Un hombre de cabellos canos, que eran cubiertos por un sombrero de tela gris, vestido impecablemente, con una bufanda verde petróleo en su cuello, sostenía en sus manos un par de afiches. En su boca llevaba una pipa negra que exhalaba un penetrante olor a tabaco negro. El andar del hombre era elegante, seguro de sí mismo y rápido. Sus ojos observaban todo con avidez. Tal como lo debía hacer un buen antropólogo. Y más si era de la prestigiosa universidad de Arkham.
James Wayne era reconocido por sus trabajos sobre historias sobrenaturales, sus escritos trataban sobre casos ocultos por la policía londinense. A él le gustaba investigar y meterse en las patas de los caballos. Toda su vida había sido un “busca problemas”.
Pero ahora se encontraba en un gran lío, estaba con falta de inspiración, ya no tenía historias extrañas qué contar e investigar. Por eso, se había adentrado entre la neblina de Londres para pegar carteles. Necesitaba una buena historia y estaba dispuesto a pagar muchas libras esterlinas por ella.
El frío de la mañana lo entumecía y la pipa había consumido el tabaco rápidamente, su caminar se había vuelto aún más presuroso. Lo único que deseaba era beber un buen vaso de whisky en su oficina. Y para allá iba, con pasos agitados, su rostro no tenía un buen aspecto. Estaba decepcionado, llevaba una semana pegando afiches y nadie había aparecido en su oficina para contarle la historia que necesitaba. Y la necesitaba con suma urgencia.
De lo contrario, su fama y reputación se iría al piso. Se maldecía él mismo al aceptar aquella apuesta que lo tenía sumido en este caos. Él le había asegurado a su jefe, entre copas, que llegaría con un cuento en menos de una semana. Y el plazo estaba por cumplirse.
Llegó a una cuadra reconocida en todo Londres por las prostitutas, un grupo de estas mujeres se le acercó para ofrecerle sus servicios. Él las rechazó, sabía que a sus 40 años, aún tenía un atractivo para las féminas; pero no para las “ chicas de la calle”.
Era mujeriego y su fama le había costado 2 matrimonios y el odio de sus hijos. Esa reputación le pesaba más que la de “busca- problemas”.
Siguió caminando por las calles sucias y turbias de aquel barrio rojo. Aunque no le gustaran las prostitutas, sí le fascinaba el ambiente de los burdeles. Y sobre todo, el olor al perfume barato que reinaba en la calle, porque era un gran contraste entre la humedad y la pobreza. Para él era un signo de glamour.
De a poco el perfume fue perdiendo fuerza y el olor a leña lo reemplazó, eso quería decir que estaba próximo a su lugar de trabajo. El Big-Ben tocó un par de campanadas. James susurró “ son las 10 de la mañana”, mientras continuaba su marcha.
Al doblar en una esquina, que no tenía señalización, ingresó a una calle oscura y sucia. Llena de tarros de basuras abiertos y un par de gatos famélicos cazando ratones. El pie derecho de James tropezó con una lata. Él soltó un par de maldiciones y continuó el camino. Sin embargo, el grito de una mujer lo hizo correr hasta llegar al final de la calle. Entonces descubrió que estaba en un callejón y sus ojos vieron algo sorprendente. Tenía frente a frente a una mujer de pelo ondulado y de aspecto de pordiosera siendo atacada por un hombre de aspecto siniestro.
Sin pensarlo se lanzó a defenderla.

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Él tenía hambre, mucha hambre, hace días que no probaba un bocado digno de su agrado. Había comido puras porquerías para no desmayarse de inanición. Sus ojos buscaban con desesperación un blanco para hincarle el diente y no lo encontraba.
No entendía la razón de su condición. No tenía la culpa de su naturaleza. Hace un par de años atrás era normal, hasta que conoció a su maestro, quien lo arrastró a la hambruna que sentía ahora.
Su maestro, siempre lo culpaba de sus noches y días de penurias. Él sabía que tenía las condiciones necesarias para sobrevivir a la inanición. A no oír el sonido de su estómago. Esa mañana la niebla de Londres pudo más, si hoy no conseguía alimento moriría y su maestro no estaría allí para auxiliarlo, ofreciéndole su propia comida.
Por su aspecto parecía un borracho porque le costaba sostenerse en pie. Casi arrastrándose llegó a un sitio lúgubre para ocultarse de los primeros rayos del sol inglés. Se refugió en un callejón vio a un gato moverse y lo atacó. Sin embargo, no quedó satisfecho. Quería más sangre y ahora deseaba probarla de un humano.
Él sabía que era un vampiro y odiaba serlo cuando tenía hambre, sentía que su cuerpo transformarse. Le dolía cuando sus dientes crujían al chocar contra su lengua. Sus ojos se agrandaban aún más y para su gusto, parecía sapo.
Necesitaba la sangre humana, su cuerpo y sus dientes lo exigían. Sus uñas largas y verdes rasguñaban las paredes del callejón para olvidar la sed que tenía.
Los ratones eran sus únicos compañeros en medio de la oscuridad y la soledad del sitio, la desesperación lo invadía a cada minuto. Sólo quería comer algo y pronto. Sin embargo, el tibio sol lo impedía, ni la neblina ocultaba la luz que le hacía tanto mal.
Sus ojos grandes y rojos los tenía cerrados para olfatear el lugar. Sólo esperaba que la suerte le trajera a un humano a ese callejón. Sólo quería eso.
Si su maestro lo llegaba a ver en ese lamentable estado, lo habría golpeado. Le habría gritado que es una vergüenza para los vampiros. Que daba pena y que no merecía portar el sello de Cthulu en su piel. Mientras pensaba eso, su orgullo se incrementó a tal punto que olvidó el hambre.
También pensó en su madre, una prostituta que lo trajo al mundo y luego lo desconoció. Lo dejó en la calle y desde entonces, un aristócrata lo recogió. Estudió música en un conservatorio y ahí conoció a su maestro. Y por él había terminado en ese callejón oscuro, sombrío, lleno de gatos y ratones. Pero sin sangre humana.
Su nariz aguileña percibió el aroma de una mujer, si tenía suerte ella sería su alimento. Escuchó desde de las sombras los pasos suaves y confiados de su blanco. Él sacudió sus brazos y abrió la boca al ver que ella se acercaba. No lo había visto.
Al sentir el aroma de la mujer, no soportó más. Su hambruna resucitó, sus ganas bestiales de beber sangre despertaron y sus uñas cogieron el brazo de la dama. Sus dientes se hincaron en el cuello, dispuesto a exprimirle hasta la última gota de sangre.
Lo único que lamentaba era que su alimento era una vagabunda. Pero el hambre pudo más. La mujer lanzó un grito desesperado, mientras los colmillos penetraban en su cuello.
El vampiro suspiró gozoso. Pensó que hoy no moriría de hambre. Su maestro iba a sentirse orgulloso de esta cacería.
El líquido rojo era un verdadero néctar para sus colmillos. De a poco sus tripas comenzaron a perder el hambre. La vagabunda cada vez estaba más pálida. Ya no sentía las fuerzas para luchar contra él. Sara maldijo esa confianza que adquirió en la calle, la seguridad de que nunca le iba a pasar nada....Se arrepintió de haber tomado ese atajo...Ella se preguntó si la estaba matando el loco de las calles Baker y Poirot....Quizás nunca lo sabría. Sólo gritó por desesperación aún sabiendo que nadie la auxiliaría. Nadie ayudaría jamás a una vagabunda... y ella no alcanzaría a contar la historia al antropólogo para ganar dinero.
A cada instante su cuerpo perdía más consistencia. Sara tenía la impresión de que la estaban secando por dentro. No quería abrir sus ojos, sólo deseaba morir pronto.
El vampiro excitado por la sangre, continuaba drenando el cuerpo de Sara. Sin duda, la sangre humana era la más exquisita. Era un orgasmo para un vampiro como él. Cuando estaba terminando, sintió el perfume de otro humano. Y al parecer, éste ser era de mejor estirpe que la vagabunda.
James se encontró cara a cara con el monstruo. Vio que los ojos rojos del vampiro lo miraban con un delicioso placer. Se dio cuenta que el cadáver de una mujer estaba tendido en el suelo mugroso del callejón y sintió miedo.... No sabía cómo iba a defenderse del ataque de un ser de la noche.
Se quedó estático, sus piernas no le respondían para huir...Sus ojos miraban al vampiro, quien desapareció en la oscuridad del lugar.
James nunca había sentido pánico e incluso pavor, toda la vida había sido valiente. Pero ahora, temblaba de horror...Él pensaba que la mejor historia sobrenatural que había presenciando le iba a costar la vida. Y lo peor es que no ganaría esa apuesta.
El vampiro reapareció detrás del antropólogo. Sus manos frías le agarraron el cuello y sus colmillos se fueron directo a la piel.
James sintió como si mil agujas le atravesaran el cuello y se dejó atacar...Ya no quedaba nada más por hacer. El engendro sonrío feliz. No pensó que en una mañana iba a beber tanta sangre.
James cayó inerte al piso mientras el vampiro se limpiaba la boca con la oscura manga de su traje negro. Una gran sonrisa se dibujó en su fantasmal rostro. Ya satisfecho se perdió en la oscuridad del callejón. Sus brazos dieron forma a un par de alas y él se colgó de una viga vieja.
La caza estuvo fenomenal esa mañana gris de Londres. El destino juntó a 2 personas
en una cita con un vampiro.

1 Comments:

Blogger Yukii said...

Vaya me ha gustado tu escrito me parecio bastante interesante, a mi me encantan las historias sobre ls vampiros^^ pasate x mi blogger si quieres tambien estoy escribiendo una
saludos

11:20 AM  

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